¿En que andás, Juan Ravera?

Posted by Publicadas por NINO

La voz del otro lado del Atlántico suena fuerte y clara.

Locuaz y extrovertido, Juan Ravera es el "Flaco" de siempre, por más que durante la conversación se le escapen algunas palabras en italiano.

Es el mismo de siempre, el que se ganó un nombre en Uruguay jugando para Wanderers y Nacional, el de los goles a Peñarol y el que en 2002 se tuvo que ir a jugar al fútbol regional de Italia empujado por la crisis económica y en búsqueda de nuevos horizontes.

Hoy, Ravera está retirado del fútbol y trabaja en una fábrica de accesorios para zapatos en un pueblo cercano a Ancona, además de ser diácono en una Iglesia evangelista.

Si bien sueña con el regreso, está bien donde está y se prepara para convertirse en técnico de Nacional algún día… "si Dios quiere".

A punto de ser papá por primera vez, el "Flaco" irradia optimismo, pero deja una frase curiosa a la hora de definir su carrera deportiva: "llegué demasiado lejos para las condiciones que tenía".

¿Qué es de tu vida, Juan?

Hace ya nueve años que estoy en Italia. Me vine en el 2002, siempre por el tema del deporte, porque en esa época Uruguay estaba sufriendo la crisis económica y, además, para mi el fútbol de allá no daba para más. El último equipo en el que había estado fue Paysandú Bella Vista. Tuve la posibilidad de venir a jugar a Italia, a un equipo de Serie D, que no es de nivel profesional, pero que también te paga y, sinceramente, en ese momento ganaba más jugando aquí en esa categoría que lo que ganaba en mi país en un equipo de primera división. Me trajo Luis Chabat, me llevó al Todi de la ciudad de Perugia. Le envió al presidente una videocassetta (videocasete) con todos mis goles, le gustó y me dijo que viniera. Pedí el transfer internacional en la AUF, el presidente me pagó el pasaje, viajé y empecé a jugar en este equipo. Después me fui al Tolentino, también de Serie D, y, posteriormente, recalé en el Montegiorgio, que es de la ciudad en la que estoy viviendo actualmente, pero este ya no era de Serie D, era de Eccellenza, una división más abajo. Todas estas son categorías de fútbol regional, pero pagan muy bien y se puede vivir tranquilamente. El único problema es que al ser equipos regionales, no firmás un contrato.

¿Y de qué forman arreglan?

Te pagan los gastos de transporte, casa, comida, etc. Se utiliza así porque no pueden declararlo delante del Estado, pero el gran problema de eso es que no tenés contrato. Sucede que si un equipo llega a andar mal y el presidente se enoja y no quiere pagar más, no hay forma de reclamarle ninguna. De todas formas, quedás ligado al equipo y no podés irte porque está todo reglamentado. Si el día de mañana el presidente no te paga, no es que decís "me voy y me busco otro equipo", tenés que esperar el período de pases y todo lo demás. Lamentablemente, me encontré en el 90% de los casos en esta situación, en la que el equipo no pagaba por distintos motivos, o porque no ganaba o porque yo me lesionaba, una cosa y la otra… Entonces, hablé con mi señoraaa (estira la "a" al mejor estilo italiano) y me dijo: "mirá Juan, vamos a tener que tomar una decisión porque no podemos seguir así, no podemos seguir de una ciudad a la otra". Cuando yo arreglaba con un equipo, arreglaba también la casa y cuando tenía algún problema, me quedaba sin laburo y sin la casa. Tomé la decisión de hablar con algunos dirigentes del equipo donde estaba (Montegiorgio) para explicarles que no conseguía trabajo y que me quería dedicar a laburar, que seguiría jugando al fútbol, pero no con esa incertidumbre de si me pagaban o no, de si me lesionaba o no, de si el equipo ganaba o no. Quería jugar tranquilo y tener un trabajo seguro, y si podía seguir jugando, jugaba. Finalmente, le plantee esto a un dirigente. Le dije: "mire Vincenzo, sinceramente está todo muy lindo con el fútbol, pero yo necesito una cosa fija, no puedo seguir con esta incertidumbre". Me respondió: "bueno, venite a laburar conmigo, que no vas a tener ningún tipo de problema". Tiene una fábrica en Montegiorgio. Y seguí jugando sin ningún drama.

¿Seguís trabajando allí?

Sí. Todavía sigo en la fábrica.

¿Qué hacés específicamente?

Es una fábrica que hace todo tipo de accesorios para scarpe… zapatos, hebillas por ejemplo, y también para carteras, cinturones…. Yo me encargo de hacer precisamente estos accesorios, manejo una máquina específica, que es una pavada, tenés que estar ahí parado y ella hace todo. Solo tengo que controlar que haga los artículos. Trabajamos para Dolce y Gabbana, por ejemplo, para firmas reconocidas. Esta es una empresa importante, que labura muy bien desde hace casi 30 años. Muy buena gente, el propietario es una persona excepcional. Me encontré muy bien.

¿Seguís jugando?

No. El año pasado colgué los botines. Ya tengo 37 años. Además, en el 2008 me rompí el ligamento cruzado de la rodilla y dije: "no quiero arriesgar más". Después volví, pero solo para demostrar que podía volver a jugar, pero no vale la pena arriesgar más.

¿Te retiraste en el Montegiorgio?

No, después del Montegiorgio, lugar donde seguía viviendo, jugué en muchos otros equipos. Estuve en el Servigliano, en el… como se llama este… Monterubbiano y la Maglianese, donde colgué los botines.

¿Con qué nivel te encontraste al llegar al fútbol regional italiano?

El nivel es muy bueno porque ellos son profesionales hasta para jugar a la bolita. A cualquier equipo que vayas, por más amateur que sea, tiene absolutamente todas las comodidades, en lo que se refiere a la infraestructura no les falta nada. Tienen cancha principal, alternativa, pelotas las que quieras, indumentaria la que quieras… Es otro mundo.

Y en el plano personal, ¿cómo te fue a vos?

Cuando vine acá ya tenía 29 años, entonces no es que le di a Italia los mejores años de mi carrera, pero me fue bastante bien. Hice una cantidad de goles como nunca antes había hecho. La diferencia que encontré fue en la parte física. Acá te destruyen, en el plano físico son impresionantes, en cualquier categoría. No hay con que darles. Las canchas son un poco más chicas, se dificulta mucho jugar porque priorizan más la destrucción, la velocidad. Hay poco fútbol, no es como en Uruguay, que hacés una pisadita, tirás un caño…

¿No se te pasó por la cabeza volver a Uruguay?

Siempre, siempre. Siempre estoy pensando en volver porque mi país es mi país. Tuve que emigrar por la situación que se vivía y porque no tenía más nada para hacer. Lo que tenía para hacer, lo hice. Tuve escuelas de futbol en Montevideo y el Interior con Fernando Kanapkis, tuve la agencia de modelos por varios años (1992-1996)… Después me dediqué a la televisión para hacer un programa que al final no salió al aire… No me quedaba más nada por hacer, me surgió esta posibilidad y, como tengo la ciudadanía italiana, agarré.

¿Estás cómodo en Italia?

Gracias a Dios, no me puedo quejar. Estoy trabajando, mi señora también… Estamos bien. Sinceramente me gustaría volver a Uruguay, pero no en este momento. ¿Qué hago yo en este momento en Uruguay? Podría hacer mil cosas porque soy una persona que no se queda quieta, pero quiero darle un futuro a mi familia. Además, estoy esperando mi primer hijo. Mi señora, que es sanducera y la conocí en el noventa sei (noventa y seis), cumple 5 meses de embarazo. Que Dios nos regale un hijo es la cosa más linda que puede existir.

Religión

Sos atleta de Cristo, ¿qué significa eso para vos?

Haber conocido a Cristo como señor y salvador de mi vida es la cosa más grande que me pudo haber ocurrido. Más grande que cualquier otra cosa. Se que Dios está conmigo siempre. En estos momentos me estoy congregando en una iglesia evangélica en Ancona, hace ocho años que estoy trabajando allí. Ahora me han nombrado diácono de la iglesia, estoy dándole una mano al pastor, trabajando con él para tratar de predicar el evangelio a todas las personas. Las cosas que te da Dios te dan la felicidad absoluta.


Entrenador

Actualmente, el "Flaco" está realizando el curso de entrenador en Italia.

En diciembre del año pasado, terminé el primer curso de técnico. Acá no es como en Uruguay, que hacés un curso y ya te recibís de entrenador, acá tenés que hacer tres cursos. Está el de tercera categoría, el de segunda y el curso Master, con el que podés dirigir en Serie A. Yo recién hice el primero y ahora llené la solicitud para hacer el segundo. Estoy esperando que me llamen. El nivel es impresionante, tienen todo: psicólogos, doctores especializados, un profesor solamente para técnico-táctica… En esto último, a los "tanos" no les gana nadie: saben todos los movimientos, táctica y contra táctica, como contrarrestar los distintos módulos de juego… Es impresionante. Igualmente, reconocen que los sudamericanos tenemos una cosa que ellos no y que no se compra en la farmacia: la técnica.

De cara al futuro, tiene un objetivo claro: "Estoy convencido que algún día voy a dirigir a Nacional. Es un deseo que tengo. Lógicamente, primero Wanderers, pero si Dios quiere voy a dirigir al glorioso Nacional para sacarme una piedrita que todavía tengo en el zapato: ganar el campeonato uruguayo. Para eso voy a prepararme".


Fútbol uruguayo, Nacional, Wanderers…


¿Seguís el fútbol uruguayo?

Como no, constantemente. A Wanderers, a Nacional, los equipos que son mi casa. Aparte, tengo mucho contacto con Fernando Kanapkis y Javier Barragán. Siempre estoy al tanto del fútbol de allá.


Nacional (1996-1997)

¿Cómo evocás aquellos años en Nacional?

Viví esos años de una manera muy particular. Los primeros seis meses del 96, no pude jugar. Tuve que sacarle el puesto a siete jugadores… ¡a siete jugadores! Estaban todos los monstruos: Néstor Correa, Jorge Puglia, el "Chino" Recoba, Juan González, Osvaldo Canobbio. Todos fenómenos que hacían goles de todos los colores. Yo estaba ahí, con el overol, humilde… La peleé, la peleé, hasta que Miguel Puppo me dijo un día: "bueno, Juan, se murieron todos, te voy a poner a vos a ver si hacés algo". Debuté y le hice un gol a Central. Sabía que tenía que dar lo máximo por los delanteros que tenía adelante. Del equipo del 96, que tuvo un gran año, recuerdo la unidad del grupo, porque nos mataban todos por no ganar los campeonatos. En ese plantel había mucha humildad, compañerismo.

¿Por qué no se pudo coronar ese buen año con un título?

Lamentablemente, esa fue una cosa que nessuno (ninguno) se la esperaba. Todos pensamos que ese campeonato iba a ser nuestro. Las cosas se dieron así, pero me quedo con la conciencia tranquila, y pienso que mis compañeros también, porque hicimos lo imposible. Hicimos un excelente campeonato. Después ganamos la liguilla, le hice dos goles a Peñarol, le dimos la vuelta en la cara. A pesar de todo, son recuerdos que me van a quedar para toda la vida.

¿Qué recordás del Nacional del 97? ¿Fue ese el momento más difícil de tu estancia en los tricolores?

Sí, fue muy complicado. El gran error fue haber echado a Puppo al inicio del Clausura, cuando habíamos ganado el Apertura. Cuando pasó eso, dije: "acá se murió todo", porque Puppo sabía como encarar ese campeonato. Sabía lo que tenía que hacer. No quiero decir nada en cuanto al tema de Roberto Fleitas, que vino después, no quiero decir que Roberto fue el culpable o lo que sea, lo único que digo es que si Miguel se quedaba en ese plantel, la historia hubiese sido otra. Claro, nunca lo sabremos. Además, se habían ido el "Chino" (Álvaro Recoba), el "Abeja" (Nelson Abeijón), el "Juanchi" (Juan González), el equipo cayó en ese sentido. Puppo era un tipo muy leal, decía las cosas y las cumplía, trabajaba muy bien tácticamente. Si se quedaba, otra era la historia.

Estuviste en el polémico Nacional 1-0 Defensor. ¿Cómo viviste aquella situación y cómo la analizas tantos años después?

La gente se acuerda de lo último, pero habría que empezar a analizar el quinquenio de Peñarol desde 1993. Ese partido fue la gota que derramó el vaso. Hay que analizar los cinco años. Yo lo viví cuando estaba jugando en Wanderers, que ganaba Peñarol, ganaba Peñarol y, lógicamente, ese partido es el que la gente más recuerda por lo que pasó después. Si hubiera perdido Nacional… Me da pena que la gente se acuerde de eso y no de las cosas positivas, porque yo estuve en ese plantel y todos los jugadores que estábamos ahí queríamos lo mejor para Nacional y quedamos con la conciencia tranquila.


Clásicos

En Wanderers le habías hecho muchos goles a Peñarol y en Nacional, a pesar de no ganar un campeonato, cumpliste con tu cuota a los aurinegros. ¿Cómo vivías esos partidos?

Cuando llegué a Nacional, me dijeron: "te trajimos porque hay que hacerle goles a Peñarol". Yo les contesté: "muchachos, vengo a hacerle goles a Peñarol"… Y se los hice nomás. En la mayoría de los clásicos que jugué, hice goles, pero no se pudo ganar el campeonato. Hacerle goles al máximo rival fue una cosa importantísima porque al delantero de Nacional se le pide el gol a Peñarol. Podés hacer 30 o 40 goles en un campeonato, pero si no le marcás al rival de siempre, no existís. A mi me llevaron para eso, y que conste que yo no era un goleador de raza, del gol fácil como Canobbio o Juan González, que siempre estaban ahí, los típicos pescadores. Yo era el jugador de los goles difíciles, cuando había que hacer un gol difícil, ahí estaba el "Flaco". Lógico, en un equipo grande tenés que hacer goles todos los partidos, pero yo tenía eso de que hacía los goles difíciles en los partidos difíciles. A mi contra Peñarol me llamaba la atención la motivación que tenía, por la gente, el periodismo, el estadio. Me cargaba, me transformaba. La mayoría de las veces que jugué la mandé a guardar y si no le hacía los goles, por lo menos ganábamos. Pienso que esa fue una de las cosas por las que la hinchada de Nacional me quería y me quiere mucho. Me llamaban el "Verdugo".

¿Qué balance hacés de tus dos años en Nacional?

El máximo de Juan Ravera como jugador de fútbol fueron esos dos años en Nacional. No me quedo con una amargura. El máximo de lo que podía dar, lo di. Lamentablemente, perdimos las dos finales. Me quedé muy contento porque a Nacional lo llevo en el corazón. Lógicamente, Wanderers es mi casa porque me inicié ahí, pero ningún equipo me dio el calor humano que me dio Nacional. Desde la hinchada, pasando por los que trabajaban en Los Céspedes, los cocineros, el equipier, todo el entorno… De esa gente me hice amigo. Esos recuerdos los conservo siempre.


Wanderers

¿Qué recordás de tu etapa en Wanderers (1992-1996)?

Esa época fue una cosa de locos porque nosotros éramos todos jugadores que veníamos de las divisiones juveniles (Mauricio Leites, Javier Barragán, "Pichirica" Vázquez, entre otros). En el 92, en Wanderers no había un mango, yo ganaba 300 pesos jugando en primera. Debuté contra Danubio (0-0), entré los últimos 10 minutos y metí una pelota en el palo. El segundo partido que jugué fue en el estadio contra el Peñarol de (Ljubomir) Petrovic, que venía invicto, 40 mil personas en las tribunas. Ganamos 2-1 e hice el primero. Ahí empezó la racha de goles. Después, en los años siguientes, cada vez que enfrentaba a los auirnegros en el Centenario, les hacía goles. Le habré convertido seis o siete veces en esos cuatro años. Fue una época preciosa, jugaba más para divertirme que por la plata. Wanderers es mi casa y le estoy muy agradecido.

¿Qué balance hacés de tu carrera?

Cuando un colega tuyo me hizo la misma pregunta, le dije en términos futbolísticos que empaté con el fútbol. Ni gané ni perdí. Increíblemente, comencé a jugar al fútbol porque mi viejo me llevaba, a mi no me gustaba. No me gustaba, no quería saber nada con el fútbol. Mi viejo quería que jugara en Wanderers porque Francescoli había jugado en Wanderers…Yo le decía: "papá, no jodas mas con el futbol". Para mi no era una pasión. Viendo como empezó todo, y viendo hasta donde pude llegar con las condiciones que tenía… Porque yo no fui un goleador. Tenía otras características, era muy bueno tácticamente, físicamente era muy fuerte. Analizando con el paso de los años lo que fue mi carrera, te digo que, a mi humilde manera de ver las cosas, llegué demasiado lejos para las condiciones que tenía. Siempre fui una persona muy coherente, sabía hasta donde podía llegar, pero también sabía que si podía ir a un equipo grande iba a aumentar mi rendimiento, como pasó, porque jugando con jugadores de mejor nivel podés jugar mucho mejor.

Su mejor partido: Nacional 2-0 Peñarol por la Liguilla de 1996. Hizo los dos goles y el tricolor fue campeón. "Me quedo con un poco de amargura porque le hice dos goles en el primer tiempo y, después, el "Flaco" (Eduardo) Dluzniewski me echó en el segundo por tocar la pelota con la mano. Si hubiera jugado todo el complemento, no se que hubiera pasado…"


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